Corteza Sección Estudiantes

El Proyecto Corteza es una propuesta visual sobre lo que significa vivir en un país sísmico, destacando los aspectos geográficos que caracterizan la corteza de nuestro territorio, transmitiendo esa perspectiva tanto desde lo estético como a partir de la experiencia personal y colectiva vivida en un sismo.

Poco a poco se apaga aquello y viene el gran silencio, una impresión de «obra cumplida», a la que no hay nada que agregar; un horrible abandono que nos trae la realidad y nos desata el llanto. No es otra cosa un terremoto, Y creo que es bastante. El hombre que habita la Tierra Inquieta debiera ser un hombre místico o desvergonzadamente pagano. Ahora bien, no vemos ni lo uno ni lo otro. Ni siquiera nos parece fatalista. Es un pueblo como todos los pueblos. Vive tranquilamente, ama, se alimenta y trabaja. Se diría que los terremotos son accidentes que les pueden ocurrir a otros, no a ellos. Hay una bendita inconsciencia que los protege y les permite ser felices como los demás. Es uno de los misterios que no entenderé nunca.

Benjamín Subercaseaux,
Chile una loca geografía, 1954, p. 151.

El Proyecto Corteza, generado para el stand de estudiantes de la Convocatoria para la Cuadrienal de Praga 2015 (PQ2015), reunió para su concepción a un grupo de 10 estudiantes y una académica de la carrera de Licenciatura en Artes con mención en Diseño Teatral de la Universidad de Chile, desde marzo del 2014 hasta junio del 2015. Inicialmente el proyecto se configuró en base a conceptos e ideas que vinculaban la memoria, el habitar y, principalmente, una pregunta: ¿cuál podría ser esa especie de signo geográfico que circunda la cultura visual de la ciudad y que determina nuestra historia? Este cuestionamiento rondó nuestro imaginario durante un tiempo, provocando la aparición de los recorridos por la ciudad, la forma cómo y desde dónde la observamos, cómo reconocemos nuestro propio registro visual de la ciudad y, finalmente, cuál podría ser el hito geográfico que cruza nuestro habitar y cómo este activa nuestra memoria e imaginario histórico. La respuesta encontró un lugar, la cordillera, pero también propuso un evento que se relevaba por sobre esta y que sin duda impregna nuestra cultura, condicionando nuestra sociabilidad y, sin duda, atravesando nuestra subjetividad: el terremoto, la ruptura violenta de la tierra.

Se trata de nuestro habitar en medio de fallas geológicas y fracturas, de terremotos, maremotos y temblores. Una condición que nos remece y nos ha sido hablada como el «país de la tierra inquieta» –en palabras de Benjamín Subercaseaux–, y que sin duda constituye un «tema» insoslayable, un campo de acción y reflexión transgeneracional, simultáneamente genealógico y geológico.

 Sonia Montecinos,
Terre/mare/moto, Anales de la Universidad de Chile, 2011. 10.

Al aparecer este evento como el lugar desde donde partir nuestra investigación visual, identificamos como necesidad la construcción de una especie de mapa que considerase el territorio en términos geológicos, reconociendo de esta forma la corteza como la capa más delgada de la tierra, respecto de las otras. Su característica principal es albergar la irregularidad de las formas que observamos, imponiéndonos un mapa con sus fronteras concretas, sus límites, los cuales se modifican, intervienen y/o fracturan a través de la generación de los fenómenos físicos como los sismos, la erosión, los aluviones y otros eventos desplegados de forma brutal por la naturaleza.

En esta reconstrucción geográfica las respuestas a las preguntas se configuraron como una reflexión que puso en diálogo tanto los elementos formales de nuestra geografía cómo la traducción de las huellas o la pregnancia de los eventos o fenómenos desplegados con violencia por la naturaleza en nuestra subjetividad. Comenzamos a ingresar en la experiencia concreta que muchos de nosotros habíamos experimentado en estos eventos, pero también supimos establecer vínculos concretos con nuestra historia. Al parecer, la ruptura física que genera un terremoto, tenía también una significación en nuestro imaginario simbólico y cultural que nos determinaba a tal punto que nos significaba social y personalmente.

En la memoria de las personas un tsunami, o un terremoto grande, quedan marcados de por vida. Por lo tanto, de por vida tienden a ser evitados de aparecer en la memoria consciente.

Edmundo Covarrubias,
Terre/mare/moto, Anales de la Universidad de Chile, 2011. 79.

Es como si nuestra geografía subjetiva de la realidad tuviese dos capas: una objetiva y clara, que nos guía en el habitar concreto, y otra, una capa interior no visible a simple vista, latente, significativa, de corta duración, que se suma a nuestra memoria, generando a la vez una imagen grupal y una vivencia personal que se ve marcada por la situación en la que se encuentra cada persona. Es la memoria individual y social la que nos permite recrear un escenario histórico, sensorial y visual de los eventos climáticos que nos han afectado.

Lo que nos motiva es relevar este registro personal, experiencial, que no ha sido compartido, que no ha sido re-vivenciado, y señalar la temporalidad de nuestra inconsciencia de habitar el territorio que nos contiene y, a su vez, la consciencia de que eventualmente ese mismo territorio no nos contiene y nos expone a una inestabilidad breve, potente y determinante. Aquel lugar mencionado desde la historia como los eventos de larga duración, aquel tiempo histórico correspondiente a las estructuras cuya estabilidad es muy grande, tienen la finalidad de separar esa especie de momento histórico que resulta coyuntural y, sobre todo, perteneciente a los acontecimientos de nuestra cotidianeidad.

De esta forma el Proyecto Corteza se presenta como una reflexión y opinión generacional y visual en torno al cómo nos constituimos para habitar nuestra memoria, determinada por los límites y disposición del territorio, cuestión que finalmente se constituye como el lugar desde donde nuestra subjetividad se construye permanentemente, haciéndonos relevar y vincular eventos e instantes de nuestra historia que nos hacen reconocernos inestables y frágiles.